ANT: Tres años impulsando la inclusión, la equidad y la legalidad en la tierra

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En los tres años de la firma del Decreto 2363 del 7 de diciembre de 2015 que le dio vida a la Agencia Nacional de Tierras el balance no puede ser mejor, el estado tomó las riendas de una entidad que le apostó a la productividad, a la competitividad y al desarrollo rural, pero sobre pilares de legalidad.

Es justo este término junto con el de equidad que le da paso al emprendimiento y a una serie de labores agropecuarias que buscan afianzar el emprendimiento rural y la concepción de una economía con mayores opciones en donde la seguridad alimentaria logren hacer convergencia afortunada con la oferta exportable. Los años han ido de prisa y en la Agencia no hemos dado cuenta que todos en el país cabemos, que al amparo de la institucionalidad y la legalidad cristalizamos sueños y proyectamos progreso en esta y en las nuevas generaciones.

Un aspecto a tener en cuenta hoy y siempre, es que la tierra no tiene ni debe tener tinte político ya que la agricultura y la necesidad de sembrar futuro demanda tierra buena para garantizar la vida, pero todo ese oficio de certificar tenencia legítima debe estar acompañado por unas acciones complementarias que le den al campesinado verdaderas herramientas de labrado y comercialización que permitan la sostenibilidad en las actividades del campo que tienen que ser por naturaleza rentables y un negocio inmejorable para toda la vida.

Con la puesta en marcha de la Agencia Nacional de Tierras, no solo fue fijado un objeto y una estructura, con él fueron entregados los mecanismos que propenden desde el ejecutivo por la institucionalidad perentoria que requiere el posconflicto y un verdadero desarrollo del campo. La nueva figura nació como facilitadora de la implementación de los acuerdos suscritos en el marco del proceso de paz.

La ANT, hoy comandada por la abogada Miryam Carolina Martínez Cárdenas, ve de manera complacida el cumplimiento de unas metas sociales y legales tan necesarias de cara al reordenamiento de la propiedad y de la tierra tan enturbiado en ese paso inexorable de los años por aspectos tales como los cambios de época, los diversos mandatos pos República y los fenómenos de violencia que llevaron todo tipo de líos al campo, empezando por la misma tenencia legal de los predios.

Es claro, que la ANT es la máxima autoridad de tierras del Estado, es claro que con su gestión, el campo cuenta con tierra fértil y propicia para sembrar equidad y desarrollo en medio de una paz consecuente porque se hace y fortalece en escenarios de legalidad y acuerdos de doble vía en donde campesinos y estado hacen convergencia.

El país ve con tranquilidad y confianza que desde la ANT se avala el acceso a la tierra a aquellos campesinos que no la tienen o que estando en la ruralidad, no pueden sostener sus producciones o predios por múltiples razones, básicamente por temas de mercado y por coyunturas económicas.

Colombia puede estar tranquila, sus comunidades campesinas, sus etnias y quienes viven de la tierra también por cuanto se cumple con ese mandato de vigilar y garantizar el adecuado uso de la tierra, factor que hace cumplir estrictamente la función social que gira en torno a esta, eso sí, con unas explotaciones ambientalmente responsables.

“La Agencia Nacional de Tierras, como máxima autoridad de las tierras de la Nación, tendrá por objeto ejecutar la política de ordenamiento social de la propiedad rural formulada por el Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural, para lo cual deberá gestionar el acceso a la tierra como factor productivo, lograr la seguridad jurídica sobre ésta, promover su uso en cumplimiento de la función social de la propiedad y administrar y disponer de los predios rurales de propiedad de la Nación”, reza un aparte del Decreto que lleva estricto cumplimiento.

Hoy opera eficientemente el Inspector de Tierras, que adelanta una veeduría gracias a una serie de herramientas entregadas con argumentos jurídicos y técnicos, pero igual camina por buen sendero una entidad que tiene una gestión abierta al público porque trabaja con transparencia y con cero tolerancia con la corrupción. Ese flagelo en la ANT es todo un “Siervo sin Tierra” evocando a ese hijo de la grata Tipacoque en Boyacá, Eduardo Caballero Calderón.

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